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Poesía: rima y métrica

La rima entre dos o más palabras puede constatarse a partir de la vocal acentuada (inclusive) de cada una de ellas. En el caso de que se repitan todos los fonemas, se tratará de una rima consonante; si sólo se reiteran las vocales (siempre en el mismo orden), la rima se denomina asonante.

Desde el punto de vista compositivo, la rima consonante es de más dificultoso empleo que la asonante, ya que restringe fuertemente el abanico de posibilidades que posee un escritor a la hora de seleccionar las palabras. Por esta razón es que aquella rima suele presentarse en composiciones que han pretendido un mayor nivel de refinamiento a lo largo de la historia de la literatura. Contrariamente, la rima asonante, por permitir una mayor cantidad de opciones y de combinaciones entre palabras, se utiliza frecuentemente en la lírica tradicional o popular. Por lo general, estos dos tipos de rimas no se presentan en una misma estrofa.

Si bien cuando se habla de rima en un poema, debemos remitirnos inmediatamente a la última palabra de cada verso, también es posible que ésta exista dentro de un mismo verso o entre palabas internas de versos diferentes. Por ejemplo, en un pasaje de “Fábula de Polifemo y Galatea”, de Luis de Góngora (1561–1627) leemos: “Infame turba de nocturnas aves, / Gimiendo tristes y volando graves”. Aquí vemos que además de la rima consonante que tiene lugar entre aves y graves, en el primer verso riman también (aunque se trate en este caso de rima asonante) infame con aves y turba con nocturnas.

La rima colabora (junto con la métrica del poema y la acentuación de las palabras) a la constitución de la sonoridad, de la musicalidad del texto. Además, ya desde la Antigüedad, los cantores que narraban sucesos acompañados por la lira, lo hacían en versos con rima, lo cual favorecía la memorización de las palabras.

Por último, la rima funciona también en el plano del significado de las palabras. Aquellas que riman en un poema abren posibles caminos de vinculación semántica a los cuales el lector siempre debe estar atento.

En poesía, la métrica es, junto con la rima, el factor que se ocupa de la formación rítmica del poema. Cuando se habla de métrica no sólo se está haciendo referencia a la cantidad de estrofas y versos sino que también se designa la cantidad de sílabas que posee un verso.

Existen poemas con métrica fija. Esto es, ciertos poemas constan de versos de la misma medida (ocho, once, catorce sílabas, por ejemplo). Por otra parte, en algunas composiciones poéticas, se pueden combinar versos de distintas medidas de manera regular (es decir, por ejemplo, un verso de siete sílabas y uno de cinco alternadamente a lo largo de todo el poema). En general, solían tener mayor prestigio aquellos versos de nueve sílabas en adelante. Sin embargo, ocho sílabas parece ser la extensión media del grupo fónico castellano.

A la hora de medir un verso, se puede producir un fenómeno denominado sinalefa, el cual influye en la manera de contar las sílabas, haciendo que la cantidad de sílabas gramaticales difiera del cómputo de sílabas métricas. La sinalefa tiene lugar cuando se encuentran dos o más vocales al final de una palabra y al comienzo de la siguiente, y consiste en la pronunciación de estas vocales en una sola sílaba. Así, en el verso “Yo soy aquel que ayer no más decía”, de Rubén Darío, se cuentan once sílabas, de la siguiente manera:

Yo | soy | a | quel | que~a | yer | no | más | de | cí | a
1      2     3      4          5        6      7      8      9   10  11

La sinalefa también está presente entre la conjunción copulativa y y la vocal de la siguiente palabra. Por ejemplo, en el siguiente endecasílabo (verso de once sílabas) vemos esto:

Y | por | ven | tu | ra~en | tre~a | la | bas | tros | y~o | ro
1     2       3     4       5         6       7     8       9      10    11

También se puede presentar cuando una palabra termina en vocal y la siguiente comienza con una h muda:

¿Qué~he~he | cho | yo?
1                       2      3

Si bien el poeta puede renunciar al empleo de la sinalefa, en especial si la segunda vocal es tónica (es decir, cuando la sinalefa es más dura), ésta es algo que tiende a suceder naturalmente por la pronunciación de la lengua española, y no debe omitirse excepto que el poeta así lo indique mediante la creación de un hiato artificial. Éste se señala a través de la colocación de diéresis sobre la vocal más débil:

Y | con | sus | e | cos | sü | a | ves,
1     2      3     4     5     6    7     8

Por otra parte, la acentuación de las palabras (la cual influye, junto a la métrica y a la rima en la sonoridad de un poema) también puede modificar el cómputo de sílabas métricas. Así, si la palabra final de un verso es aguda, se contará una sílaba más. Por el contrario, si es esdrújula, se le restará una:

ya | na | die | sa | be~el | au | tor.
1      2     3     4       5       6     7  (+ 1): Total de sílabas métricas: 8

¡Go | bier | no | de | la | Re | pú | bli | ca!
1        2       3     4     5    6     7     8     9  (-1): Total de sílabas métricas: 8

Para terminar, cabe mencionar que se denomina verso blanco a aquel que posee medida pero no rima, y verso libre a aquel que carece de medida y rima.

En el caso de poemas construidos con este último tipo de verso, la articulación rítmica se halla en aspectos internos del mismo, como por ejemplo en las isotopías a nivel fónico, morfológico, sintáctico y semántico, entre otros.

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Ejemplo de romance

LA JURA DE SANTA GADEA (Anónimo)

En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto.

—Villanos te maten, rey,
villanos, que no hidalgos;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
traigan capas aguaderas,
no capuces ni tabardos;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
cabalguen en sendas burras,
que no en mulas ni en caballos,
las riendas traigan de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
no en camino ni en poblado;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.

Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:
—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.
Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado:
—Mucho me aprietas, Rodrigo,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas si hoy me tomas la jura,
después besarás mi mano.
—Aqueso será, buen rey,
como fuer galardonado,
porque allá en cualquier tierra
dan sueldo a los hijosdalgo.
—¡Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me entres más en ellas,
desde este día en un año!
—Que me place —dijo el Cid—.
que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno
yo me destierro por cuatro.

Ya se partía el buen Cid
sin al rey besar la mano;
ya se parte de sus tierras,
de Vivar y sus palacios:
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados,
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos;
sólo lleva sus halcones,
los pollos y los mudados.
Con el iban los trescientos
caballeros hijosdalgo;
los unos iban a mula
y los otros a caballo;
todos llevan lanza en puño,
con el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas
con borlas de colorado.
Por una ribera arriba
al Cid van acompañando;
acompañándolo iban
mientras él iba cazando.